El aire escaso que sale de mi voz, la pausa del mundo y mi rostro enardecido de pena y pasión, serán siempre de ella. Hace mucho tiempo se ganó las escrituras de todo y ha sabido permanecer en mi con tanto merito, que no podrían ser de nadie más.
Podré besar a alguien más, eso no puedo negarlo, incluso lo desearé con fuerzas y sin tapujos, pero será ella o por lo menos su presencia en mí, quien estará regalándole a alguna chica, de esas que aparezcan en mi vida para no volver a aparecer, esa pertenencia que es solo suya.
No podría ni siquiera imaginar un beso que no me sepa a ella, aunque lo haya dado, ya no los recuerdo o no quiero hacerlo.
De ella, serán de ella, como los desayunos en la cama, como mi desnudez sin pena, como mi respiración entrecortada, aunque me muera anciano, aunque se vuelva ajena, aunque la vida se me escape, aunque no volviera a verla.
martes, 1 de noviembre de 2011
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