Unas palabras que te debo; unas palabras que me debo.

lunes, 13 de febrero de 2012

Me robo versos a mi antojo.

Me robo besos a mi antojo,
Pero en letras.
Me robo demonios a mi antojo,
Como si fueran besos.
Me robo sus miradas a mi antojo,
Pero cuando no se da cuenta.
Me robo vacíos, descaradamente,
Para no llenarlos nunca.

Le quito la magia y los tergiverso
Los muerdo, los piso y los escupo.
Sin escrúpulos, los someto a mis deseos
Los hundo y los obligo a ser míos.

Quiero que sepa, que no soy de fiar.
Convierto mujeres en muzas,
Soy perezoso, irresponsable, descarado
Y me robo versos a mi antojo.

El numero mágico.

Reconózcame,
Sin haberme visto.
Pase su mano por mi rostro
Como diciendo: "Mucho gusto".

Yo le balbucearé alguna idiotez
Ya ebrio, ya cansado
Usted, usted no me entienda
Míreme, que yo solito me enamoro
Y 15 minutos después
De haber fantaseado con nuestra vejez
Habré olvidado hasta su nombre.

Déjeme buscarla, no se quede,
Que si no, pierde toda la gracia.
Olvídese de mí, que yo la seguiré buscando
Aun cuando olvide su rostro
Aun... en otros seres.

Ya no sé ni a quién le escribo,
Pero si usted sabe
Recuérdeme esto:
Podrá ser usted
Podrá ser cualquier otra
Podrá ser la luna
Pero lo que importa
Es que adoro enamorarme
Y en 15 minutos olvidarla toda.

martes, 27 de diciembre de 2011

Deme un cigarro que acabé los mios.

Un día cualquiera, en un lugar cualquiera de una vida cualquiera,
pasose ella por mí, sin notarme, sin café, sin ella.
Ausente, carente, vacío de ella, corrí lejos de mí
notando que no podría ahogarme en su aliento, si ella no me viera
Gritele de frente que me sintiera, que me ahorcara,
que si ella me fantaseaba y me soñaba constantemente
moriría asfixiado con mis pulmones funcionando,
por el exceso de deseo y de cariño, dijele,
pero sobretodo, a causa, de la ausencia de ella.

viernes, 16 de diciembre de 2011

¿Qué es una playa sin ti?


¿Qué es una playa sin ti?
Tal vez un mar de arena bañando las costas de agua salada.
¿Qué es un playa sin ti?
Una hermosa infinidad de cosas carentes de tu mágica belleza.
Una muchedumbre de granitos de arena
Celosos, en huelga
Por no poder acariciar tu sexo desnudo
Tu rostro apenado
Tus piernas benditas.

¿¡Qué carajos es una playa sin ti!?
Una playa sin ti
Es un cielo sin nubes en la mañana:
Hermoso,
Es cierto, pero sin belleza pura

martes, 1 de noviembre de 2011

De ella.

El aire escaso que sale de mi voz, la pausa del mundo y mi rostro enardecido de pena y pasión, serán siempre de ella. Hace mucho tiempo se ganó las escrituras de todo y ha sabido permanecer en mi con tanto merito, que no podrían ser de nadie más.

Podré besar a alguien más, eso no puedo negarlo, incluso lo desearé con fuerzas y sin tapujos, pero será ella o por lo menos su presencia en mí, quien estará regalándole a alguna chica, de esas que aparezcan en mi vida para no volver a aparecer, esa pertenencia que es solo suya.

No podría ni siquiera imaginar un beso que no me sepa a ella, aunque lo haya dado, ya no los recuerdo o no quiero hacerlo.

De ella, serán de ella, como los desayunos en la cama, como mi desnudez sin pena, como mi respiración entrecortada, aunque me muera anciano, aunque se vuelva ajena, aunque la vida se me escape, aunque no volviera a verla.

¿Será? Puede ser.

Yo ya no pensaría en la muerte, de no ser por los encuentros fortuitos con los amigos, que como yo, recuerdan esa innegable seducción. Miento. Para ser sincero, pienso más en ella, la muerte, que en la vida misma y  todos sus alrededores.

Sigo pensando lo mismo: Me falta coraje, huevos, valor, valentía; pero puedo ponerme fechas... para incumplirlas, para que se me olvide o (lo que sería mejor) que el mundo entero me olvide.

Soy posesivo y la vida no me pertenece, ni ella, ni nada; lo único que tengo mío son mis palabras y las regalo al mejor postor, por el solo hecho facilista de descargar mis penas. Soy como un proxeneta de penas, difusas ilusiones, analogías enclenques y metáforas obvias, pero con menos clase que estos.

Yo no quiero un cadáver joven, yo quiero uno propio, yo quiero uno que grite mi nombre con la boca cosida y sin ceremonia religiosa; eso sí, no quiero uno exquisito.

Me joden muchas cosas, por eso no me voy ahora (por eso y por falta de valor, repito). Es absurdo mi deseo de posesión, pero difícilmente pueda vivir tranquilo de nuevo. Hay cosas que no me cabrán en la cabeza nunca.

En definitiva no me iré hoy, por lo menos no por mi culpa, pero dejaré en claro que esperaré a ser más y más poco sexy de lo que ya soy, para ir planeando mi huida de esta ratonera, un poco perdida, un poco carente.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Desde una esquina.

Oigo un grito, allá, al fondo. ¿alguna vez te has preguntado por qué no me voy? Yo también; tal vez en otra circunstancia, con otra persona, en otra vida, con un sentimiento diferente, ya lo hubiera hecho... ya lo he hecho antes. Yo no creo en la gratuito. Algunas veces quiero gritarte un montón de cosas y me paro frente a una hoja de papel se le grito a ésta, para que después lo puedas leer.

Yo también siento que me has hecho daño, así como yo a vos ¿quiénes seríamos si no? Eso no le resta a nada, ni le suma, solo le da matices.

Vuelvo a oír el grito, como desde una esquina en mi corazón; mi pobre corazón, tan bajo de autoaceptación. El calor en estos días es insoportable, enfermizo.

A mí no me interesa que te mueras por mí, ya te has muerto por otras personas, ya lo harás por otras más. No necesito que me sea el amor más grande de tú vida, muy grande no soy. No me interesa que te no puedas vivir sin mí, yo también necesito irme de vez en cuando, brevemente y quisiera encontrare viva cuando vuelvo. Lo único que de verdad quiero de vos, es que si por alguna razón, me amás, no le busqués por qués, ni peros; que no te agobie el que será, ni lo que pensaré; que no determine tu amor lo exterior, que me dejés enloquecerme por tu desgarrador calor o que me dejés agobiarme con tu fría ausencia.

Vuelvo y oigo el grito y se que es desde una esquina, desde esa esquina de mi corazón que no tiene nombre, ni nomenclatura; que tiene tu nombre, reservado, pero ni vos, ni yo queremos saberlo y se que es una voz que grita, visceral, que no te deje caer, porque si caés, caigo yo; porque hace mucho que desapareció un vos o un yo entre nosotros, hace mucho que, por muy egoístas que no sintamos, lo que hace el uno lo siente el otro, lo que sufre un corazón, por lejano que esté, el otro lo sufre a su manera.