Oigo un grito, allá, al fondo. ¿alguna vez te has preguntado por qué no me voy? Yo también; tal vez en otra circunstancia, con otra persona, en otra vida, con un sentimiento diferente, ya lo hubiera hecho... ya lo he hecho antes. Yo no creo en la gratuito. Algunas veces quiero gritarte un montón de cosas y me paro frente a una hoja de papel se le grito a ésta, para que después lo puedas leer.
Yo también siento que me has hecho daño, así como yo a vos ¿quiénes seríamos si no? Eso no le resta a nada, ni le suma, solo le da matices.
Vuelvo a oír el grito, como desde una esquina en mi corazón; mi pobre corazón, tan bajo de autoaceptación. El calor en estos días es insoportable, enfermizo.
A mí no me interesa que te mueras por mí, ya te has muerto por otras personas, ya lo harás por otras más. No necesito que me sea el amor más grande de tú vida, muy grande no soy. No me interesa que te no puedas vivir sin mí, yo también necesito irme de vez en cuando, brevemente y quisiera encontrare viva cuando vuelvo. Lo único que de verdad quiero de vos, es que si por alguna razón, me amás, no le busqués por qués, ni peros; que no te agobie el que será, ni lo que pensaré; que no determine tu amor lo exterior, que me dejés enloquecerme por tu desgarrador calor o que me dejés agobiarme con tu fría ausencia.
Vuelvo y oigo el grito y se que es desde una esquina, desde esa esquina de mi corazón que no tiene nombre, ni nomenclatura; que tiene tu nombre, reservado, pero ni vos, ni yo queremos saberlo y se que es una voz que grita, visceral, que no te deje caer, porque si caés, caigo yo; porque hace mucho que desapareció un vos o un yo entre nosotros, hace mucho que, por muy egoístas que no sintamos, lo que hace el uno lo siente el otro, lo que sufre un corazón, por lejano que esté, el otro lo sufre a su manera.
viernes, 30 de septiembre de 2011
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